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Siempre es muy importante cuando una empresa sale al mercado, el valor que le fija a sus acciones.
Y es muy difícil lograr mantener o superar ese valor cuando comienza a cotizar, es que a veces la realidad no es lo que se esperaba, y demasiadas expectativas hacen sobrevalorar un título en la previa.
Así, los valores de cotización pública se emiten primero con un valor nominal, denominado paridad en el caso de acciones o títulos ordinarios. Sin embargo, una vez que los valores empiezan a ser comercializados, su precio de mercado puede ser mayor o menor que el valor nominal.
Si la compra de valores es mayor que la venta, el precio sube; y cuando se venden más, baja. En condiciones de alza en el mercado la gente compra títulos con la expectativa de que suban de valor, para luego venderlos con ganancia.
En los mercados a la baja, el precio de los valores va disminuyendo; los especuladores aún pueden ganar dinero accediendo a vender, a precio fijo, valores que ellos no han pagado hasta ese momento, pues esperan que cuando tengan que liquidar los precios habrán bajado más; entonces el desembolso será menor que la suma que reciban.
La experiencia nos indica que los valores de las compañías, no solo son afectados por la situación de cada una de ella, sus ganancias o sus pérdidas, sino también por las condiciones económicas y políticas nacionales y mundiales. Los acontecimientos nacionales que afectan el valor de los títulos son fáciles de identificar, pero su impacto es difícil de predecir: por ejemplo, un cambio de gobierno, pronósticos de recesión o repunte de la economía o cambios súbitos en el precio de las materias primas.
El precio de los valores cambia según el número de transacciones efectuadas. Pero es práctica común congelar los valores a intervalos regulares, para evaluar el desempeño del mercado y de los valores particulares entre un periodo y otro.
Sabemos que los mercados están en las principales ciudades de cada país, pero para usted, ¿las Bolsas son entidades públicas dirigidas por cada gobierno? O ¿son entidades privadas independientes?
Digamos entonces, que los mercados de valores son dirigidos en primer término por sus fundadores, asimilándose a clubes privados exclusivos; y es distinto su ingreso, según las reglas de cada país.
En varios países la membresía se puede comprar, a condición de que los socios acepten al recién llegado y exista una vacante. El precio es alto: supera los 375.000 dólares en Nueva York y llega a 6.6 millones de dólares en Tokio. En naciones como Inglaterra, la admisión de un miembro no está determinada por la existencia de vacantes, sino abierta a cualquier empresa que cumpla los requisitos de ingreso.
Los miembros fijan las normas bursátiles ciñéndose a las leyes del país. En algunos casos esa función es desempeñada por organismos independientes que vigilan el comportamiento diario de la bolsa en favor del público.
Los integrantes de la Bolsa, pueden cumplir funciones como agente de cambio en valores, o sea el mediador en la compraventa de acciones, o bien, ser corredor de bolsa: la persona que tiene acceso directo a los agentes de cambio para comprar y vender en nombre de un inversionista.
En la bolsa de Londres, el agente de cambio es la figura clave; en la de Nueva York, un especialista desempeña una función similar. A cada especialista se le asignan derechos exclusivos para comerciar ciertos valores, los cuales podrá comprar o vender a los corredores que acudan a él, o comprar y vender por cuenta propia.
El especialista se enfrenta a compradores y vendedores lo mejor que puede, utilizando su cartera personal de valores para corregir cualquier desequilibrio. Los agentes de cambio obtienen sus ingresos de la diferencia entre las cotizaciones de las posturas de compra y de venta, y los corredores generalmente trabajan a comisión, la cual depende del monto de los valores que compran o venden para sus clientes.
El dinamismo del mercado hace necesario una interconexión de los mismos y la utilización de las telecomunicaciones se vuelve esencial.
No se puede esperar tres días a transmitir una noticia y decirdir en base a ello, porque la misma pudo haber cambiado ya.
Es por ello que los centros financieros internacionales están enlazados por comunicaciones electrónicas que les permiten conocer con extrema rapidez lo que sucede en cualquier parte del mundo; en este sentido, actúan como si fueran una sola entidad, cada uno respondiendo de inmediato a las informaciones de los demás.
Es así que un hecho que se produce en el mundo, repercute inmediatamente en el mercado que le corresponde y lo que se suceda allí se transmite a los demás mercados en el mismo momento.
Por ejemplo, el lunes 19 de octubre de 1987 se vio afectada por la bolsa de Nueva York que había sufrido una baja repentina el viernes anterior, a lo que siguió un fin de semana de pánico especulativo. La bolsa de Sydney abrió sus puertas la mañana de ese lunes mientras la mayor parte del mundo aún dormía; los corredores tenían un alud de posturas de venta, y millones de dólares en valores fueron retirados ese día.
Las comunicaciones por satélite pronto llevaron la noticia a la bolsa de Tokio, donde se produjeron reacciones similares. A las pocas horas la ola recorrió todo el orbe, Hong Kong, Singapur, las bolsas de Europa y de vuelta a Nueva York. Las compañías estadounidenses perdieron más de 500 mil millones de dólares en acciones antes de finalizar el día.
El empleo de computadoras en el negocio bursátil ha dado origen a un procedimiento llamado orden de venta a precio determinado, el cual según analistas, podría amenazar la estabilidad de los mercados nacionales e incluso mundiales.
Los tenedores de valores dan instrucciones a los corredores de programar sus computadoras asignándole un precio específico a cada valor. Si los valores caen por debajo de ese nivel, son vendidos sin tardanza para reducir las pérdidas. Ni siquiera en las bolsas más importantes dicho procedimiento es enteramente automático; los corredores aún tienen que llamar a los agentes de cambio para realizar transacciones mayores. Pero con la aparición de las redes de computadoras, el mundo financiero podría sufrir un derrumbe incontrolable. El efecto en cadena se ha producido en todas las caídas de la bolsa, pues la gente vende para preservar algo de su dinero.
Pero para muchos, las computadoras pueden hacer que el derrumbe ocurra más deprisa, haciéndolo más difícil de controlar si la misma cumple una orden inmediatamente ocurre un hecho preestablecido.
Continuemos con las estrategias de inversión, y conozcamos a David Dreman, famosos en el mundo de las finanzas por ser uno de los inversores contrarios en activo más famosos del mercado, autor de varios libros sobre el tema, ferviente crítico de analistas y expertos en bolsa y considerado un gurú en su país natal, EE.UU.
Su estrategia se centra en localizar acciones que, por criterios de análisis fundamental, encierren un alto valor. Básicamente la estrategia de Dreman consiste en calcular una serie de ratios para todas las acciones del mercado, de los cuales él considera como más importantes el PER (Precio de la acción entre Beneficio por Acción) y Rentabilidad por Dividendo.
Su procedimiento consiste en ordenar todas las acciones en función de esos dos criterios, dividir el conjunto en cinco subconjuntos iguales (llamados quintiles) y se queda con los valores que están en el subconjunto de menor PER (los más baratos) y también con los que aportan mayor Rentabilidad por Dividendo (mayor seguridad en la inversión).
Según Dreman los valores de bajo PER y alta Rentabilidad por Dividendo habitualmente lo son porque han recibido un excesivo castigo por los inversores (aunque las expectativas de los analistas para el futuro de estas compañías puedan ser negativas).
Haciendo estos cálculos resulta habitual encontrarse con que los valores donde debemos invertir son empresas de un mismo sector de actividad fue a raíz de ello que Drenan se planteó modificaciones en su estrategia: si se invierte en los valores que muestren el menor PER y la mayor Rentabilidad por Dividendo de cada sector, no sólose debe considerar comprar acciones que encierran un alto valor sino que a la vez permitan diversificación y reducir riesgos. Para terminar hay que señalar que ante el problema habitual de muchos inversores contrarios, Dreman propone en su estrategia vender las acciones cuando alcancen ratios similares a la media del mercado o, si el negocio no sale como se esperaba, vender al cabo de tres o cuatro años después de la compra
Toda teoría es interesante de conocer, sobre todo porque son pocos los capaces desarrollarla.
La conocida Teoría de la Inversión Contraria, fue desarrollada por el filósofo Kierkegaar, quien sentención que Un hombre solo puede equivocarse, pero la multitud siempre se equivoca.
En concreto, la teoría dice que la mejor estrategia inversora es ir en contra del mercado, es decir, hacer exactamente lo contrario que la multitud.
Quizá la postura que más se suele asociar con la idea de inversión contraria es la de que hay que comprar cuando todos venden y vender cuando todos compran.
La justificación intuitiva está en que cuando la mayoría tiene una visión pesimista y cree que la bolsa va a bajar, la gente vende masivamente acciones y el mercado se queda sin nadie dispuesto a vender, con lo que sólo queda camino para subidas; con una visión optimista generalizada ocurriría exactamente lo contrario.
Otra idea que sostienen la mayoría de los defensores de la opinión contraria es que el mercado tiende a sobre reaccionar ante determinadas variables, o lo que es lo mismo que los inversores tienden a exagerar.
Como establecer el momento en que el mercado se da vuelta es casi imposible, por lo tanto los inversores contrarios se limitan normalmente a definir estrategias concretas que les aproximen a hacer lo contrario que la mayoría de la gente; algunas típicas son comprar valores que se encuentren en mínimos anuales, valores que los analistas recomiendan vender, valores que aparecen en las portadas de la prensa en noticias de carácter catastrófico, etc. Una idea muy aceptada es por ejemplo la de que todo inversor debiera reservar una parte de su cartera para invertir con criterios contrarios. Y de hecho una actitud muy común en los inversores, la de mantener un dinero en efectivo para comprar cuando el mercado baja mucho (o para comprar más acciones de una empresa que ya está en nuestra cartera pero que no para de bajar), no deja de ser en definitiva una forma de inversión contraria.
Pareciera el ideal de todo el que quiere ganar dinero con las acciones.: Comprar barato y vender caro.
También es tal vez, lo más difícil de lograr. Cómo saber que hoy un valor está barato y que lo mantendremos hasta tanto despegue su cotización.
En cierto modo también podemos decir que esta estrategia tiende a considerar que a medida que el valor de una cartera aumenta disminuye la capacidad de asumir riesgos, y cuando el valor de la cartera disminuye aumenta la capacidad de asumir riesgos.
Esta visión no coincide con la del inversor tradicional, que precisamente vende cuando las cotizaciones caen y compra cuando suben, y por ello la mayoría de los que aplican esta estrategia se corresponden con los que se conoce como Inversión Contraria.
Una actitud clásica entre muchos inversores y que tiene bastante que ver con esta estrategia es la promediación, que se refleja en las sucesivas operaciones de compra sobre una acción concreta que no para de bajar.
La idea es que al comprar a precios cada vez más baratos se consigue un precio promedio menor al de la primera compra. En general las estrategias de Comprar barato, vender caro van asociadas a lo que se conoce como inversión en valor (o value investing): un inversor que compra lo que baja y vende lo que sube tenderá a llenar su cartera con acciones que cotizan baratas en relación con sus beneficios.
Hablábamos antes de Charles Dow y de sus investigaciones sobre la actividad económica.
El enfoque de sus estudio se basó en la ponderación de la actividad económica a través de la evolución de determinados sectores en el mercado bursátil, y las mismas podrían sintetizarse en dos:
• Cuando la actividad económica atraviesa un período de auge las empresas industriales experimentan una expansión productiva y se incrementan sus niveles de beneficio. Como consecuencia de todo ello adquieren un mayor atractivo para los inversores, aumenta la demanda de títulos de estas sociedades, y el precio de sus acciones comienza a progresar.
• A medida que el sector industrial avanza en su expansión, la demanda de servicios de transporte aumenta y con ello los beneficios de las empresas transportistas. Como en el caso de las sociedades industriales, esta evolución positiva habría de atraer inversores que con su actividad compradora incidirían en la recuperación del precio de las acciones del sector transporte.
Para que estos dos asertos pudieran tener una aplicación práctica Charles Dow estableció dos medias o índices sectoriales: un índice industrial (Dow Jones Industrial Average) y un índice de transportes (Dow Jones Transportation Average).
Originalmente Dow incluyó en el índice industrial (DJIA) 12 valores representativos de distintas industrias. Este número se incrementó en 1916 a 20, para quedar fijado finalmente en 30 a partir de 1928.
En los últimos 20 años, el Dow Jones ha promediado retornos anuales de un poco más del 11.2%. Si hubiera invertido en 1980 en el Dow Jones 20.000 dólares, hoy se habrían convertido en casi 200.000 El Promedio Industrial Dow Jones (DJIA por sus siglas en inglés), a diferencia del Promedio de Transportes Dow Jones (DJTA) y el Promedio de Utilidades Dow Jones (DJUA), no se limita a los títulos tradicionalmente definidos como industriales.
Por el contrario, sus componentes pertenecen a todo tipo de industrias: servicios financieros, tecnología, minoristas, entretenimiento y bienes del consumidor.
Los promedios del Dow tienen la particularidad que se calculan sobre la base del precio y no de la capitalización. Por ende, el peso de los componentes varía de acuerdo al precio de las acciones, a diferencia de otros índices que son afectados no sólo por el precio sino también por el número de acciones en circulación.
Retomemos lo que hablábamos el otro día sobre las estrategias de inversión y profundicemos el análisis de cada una.
Una de las que pueden parecer absurdas desde su nombre es: Comprar caro y vender barato.
Muchos pensarán desde su lógica, que debería ser al revés. Pero los partidarios del Análisis Técnico, eligen mucho esta estrategia, ya que consiste en seguir la tendencia de los mercados.
Como parte de esta estrategia la teoría financiera, asegura un suelo de la inversión, así quien decide arriesgar su dinero, también decide cuánto está dispuesto a perder, pudiendo aplicarse una fórmula para establecer esto.
Cantidad de dinero a invertir en Bolsa = M x (Valor Total de la Cartera – Suelo)
Donde M es un número a decidir por el inversor y que debe ser mayor que 1. Supongamos que en el ejemplo decidimos hacer que M sea igual a 2; aplicando la fórmula invertiríamos 80 Euros en bolsa y 20 Euros en bonos (100 - 80). Si tras esta operación la bolsa cae y el valor de nuestra inversión en bolsa cae hasta los 70 Euros, deberíamos aplicar de nuevo la fórmula; ahora el valor de la cartera es de 90 Euros (70 de la inversión en bolsa, 20 de los bonos) y el suelo sigue siendo 60 Euros.
Aplicando la fórmula resulta que la cantidad a invertir en bolsa debe ser de 60 Euros, y por tanto debemos vender parte de la inversión y destinarla a bonos. Aplicando esta estrategia el inversor compra más en bolsa cuando ésta sube y vende cuando baja: es decir lo hace a medida que el valor de la cartera se acerca al suelo fijado, dado que tiende a asumir menos riesgos de tal forma que en el extremo, si la bolsa cae lo suficiente como para hacer que la cartera valga justo lo mismo que el suelo fijado, sólo tendrá dinero en Renta Fija.
Para los analistas, la estrategia de Comprar caro, vender barato va asociada a la búsqueda del momentum: un inversor que compra lo que sube y vende lo que baja tenderá a llenar su cartera con acciones muy favorecidas por los mercados, de las que se espera mucho crecimiento y que cotizan caras en relación con sus beneficios.
Para muchos es el abuelo o el padre de los demás índices bursátiles, de ahí su importancia mundial.
El índice Dow Jones nació el 26 de mayo de 1896. En ese momento estaba constituido por 12 compañías y su precio de cierre fue de 40.94 puntos.
Ahora el índice Dow comprende apenas 30 acciones, sobre un universo de alrededor de 10.000 empresas que cotizan. Este cambio en su composición ha hecho que muchas veces a lo largo de su historia perdiera relevancia y no fuera un indicador de tendencia mundial .
El Dow Jones cuenta con tres promedios diferentes: el Industrial, el de Transporte y el de Utilidades, y cada uno mide el desempeño de diferentes sectores empresariales.
Los promedios del Dow Jones tienen su origen en la iniciativa de dos editores financieros: Charles Henry Dow (1851-1902) y de Edward D. Jones (1856-1920). Ambos periodistas, quienes junto con Charles Bergstresser, fundaron en 1882 Dow Jones & Company.
Seguramente pocos lo sabían. Este índice de más de 100 años de antigüedad, nació de un servicio de noticias financieras que, dos años mas tarde, lanzó el primer índice de cotizaciones en la Bolsa de New York.
Esta iniciativa editorial, luego de 12 años de experimentos y que llevó a publicar notas propias sobre compañías, las cuales fueron publicadas por el afamado diario financiero “The Wall Street Journa”, del cual Charles Dow era editor, ya contaba desde su inicio con la intención de establecer un "barómetro" medidor de la actividad económica, y no el análisis de la tendencia de los valores, aplicación por la que ha ganado merecida reputación con el paso de los años.
Cuando murió en 1902 C. Dow, William P. Hamilton - socio y sucesor de C. Dow al frente del Wall Street Journal - y, posteriormente, Robert Rhea recopilaron, sistematizaron y desarrollaron los hallazgos de Charles Dow dando forma a lo que en nuestros días se conoce como Teoría de Dow, a la vez que extendían su ámbito de explicación a la identificación de tendencias y a la prognosis de los mercados de valores. En próximos post desarrollaremos los análisis efectuados por C. Dow a raíz de sus investigaciones.
A pesar de la profunda crisis todavía hay quienes no se percatan de ello o no desean hacerlo, según lo reflejan las empresas cotizadas, que a pesar de todo han decidido igualmente elevar la retribución a sus accionistas.
Durante 2009, las compañías cotizadas llegaron a repartir más de 32.000 millones de euros en concepto de dividendos, marcando una cifra récord y logrando un nuevo máximo histórico en medio de una época de crisis.
Dentro de esto, el mes pasado de Diciembre ha sido extremadamente especial, debido a que varias de las cotizadas decidieron adelantar el pago que habían previsto abonar a sus accionistas en Enero como una fórmula de evitar el aumento de la fiscalidad ligada a las rentas de capital (entre un 18% y un 21%) ,según la cantidad percibida.
Durante Diciembre de 2009, las compañías cotizadas abonaron poco más de 2.800 millones de euros, esto es más del doble que la registrada en similar periodo de 2008. Más allá de esto en 2009 las cotizadas aumentaron el pago con: acciones y retribución en especie que no registra retención fiscal.
Los datos que aporta Bolsas y Mercados Españoles (BME), refleja que entre Enero y Noviembre, las cotizadas han abonado 1.500 millones de euros, cerca del 5% del total de esos 11 meses, con títulos propios provenientes de la autocartera y de nueva emisión.
Si se desglosa por sectores, el sector energético ha llevado la delantera, la retribución al accionista altamente beneficiado con el desembolso de 4.556 millones de euros de dividendo extraordinario que repartió Endesa en Marzo, después del acuerdo logrado entre Enel y Acciona por el control de su capital. Estos datos reflejan con las cifras expuestas, que todas las compañías del sector han elevado los pagos en 2009.