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Días atrás se cumplieron diez años del auge de la burbuja de acciones tecnológicas y los especialistas debaten si el mercado finalmente dejó atrás años de precios excesivos y puede retomar un crecimiento estable.
Es que algunos de los que advirtieron sobre los problemas que se avecinaban hace una década, están nuevamente preocupados. Afirman que las intervenciones del gobierno en la economía y el mercado en 1998, 2001 y 2008 impidieron que los precios bursátiles se corrigieran por completo.
Algunos divisan señales de burbujas que se están volviendo a inflar, particularmente en las acciones de algunos países en vías de desarrollo.
Un motivo de preocupación para los pesimistas es que, pese a dos mercados bajistas, las acciones estadounidenses han cotizado casi todo el tiempo desde 1991 por encima de su promedio histórico. La historia sugiere que cuando los precios de los títulos son altos, el desempeño en los años posteriores es decepcionante.
Ninguno de los analistas vaticina otra década tan nefasta como la previa: el mercado se encuentra muy lejos de los excesivos precios del año 2000. Tampoco pronostican cuándo el mercado estará en problemas. Sostienen que, tarde o temprano, quizás cuando se disipe el estímulo fiscal de EE.UU., las acciones podrían generar retornos decepcionantes e incluso algunas pronunciadas fluctuaciones.
Un reconocido economista, Shiller, ha compilado datos que se remontan a 1881, registrando los precios de las acciones mes a mes en relación a las ganancias de las empresas. Para evitar distorsiones de corto plazo, utiliza un promedio de ganancias de los 10 años previos. En el largo plazo, según sus cálculos, las acciones se negocian a un promedio de unas 16 veces las ganancias corporativas anuales, es decir, su relación precio-ganancias es de aproximadamente 16.
El economista descubrió que cuando la relación sube por encima de 20, como en la actualidad, el mercado es caro y que tarde o temprano habrá una seguidilla de retornos decepcionantes.
Es increíble como ha cambiado el mundo de los negocios. Quien hubiera imaginado décadas atrás que estaríamos hablando que las empresas más grandes hoy en día son Google y Facebook, que para la gente común son dos “páginas de internet”.
Internet ha revolucionado todo, incluso ha invertido la tabla de las empresas más importantes. Cuando antes solo las automotrices, las petroleras y los bancos nos importaban como para analizar el mercado, hoy son otros los rubros que nos deben interesar.
Por estos días se está hablando que Facebook saldrá a Bolsa próximamente, lo que podría convertir a su fundador Mark Zuckerberg, de 25 años,,en el veinteañero más rico del mundo. Pero parece que son más las presiones externas para que esta salida de consume, que las intenciones del propio empresario.
Se sabe que se ha reunido con ejecutivos como el presidente ejecutivo de Intel, Paul Otellini, y el presidente de Oracle Corp., Charles Phillips, con la intención de aprender de ellos cómo dirigir mejor su empresa independiente. Así, por ejemplo, estableció una estructura de votación de dos clases que lo sometería menos a las presiones de cualquier accionista público.
El año pasado, cuando el personal comenzó a pedir mayores recompensas, ideó una forma para que pudieran cobrar parte de sus acciones de Facebook, sin tener que recurrir a la oferta pública inicial. "Cotizaremos en bolsa, porque ese es el contrato que tenemos con nuestros inversionistas y nuestros empleados", indicó Zuckerberg durante una entrevista reciente. Pero, agregó, "definitivamente no tenemos ninguna prisa".
Para el joven presidente ejecutivo, Facebook, con sus más de 400 millones de usuarios, es más que sólo otra empresa tecnológica. Su promesa, cree, es facilitar la capacidad de la gente de compartir casi cualquier cosa con cualquiera, en cualquier momento, a través de sitios Web, teléfonos celulares e incluso videojuegos. Según Zuckerberg, al no necesitar grandes reservas de efectivo para construir fábricas, un sistema de distribución global ni una enorme maquinaria de marketing, entonces todas las presiones son diferentes, y las motivaciones (para salir a bolsa) no se presentan de la misma forma.
De cierto modo, parte de lo que teme perder con una salida a bolsa es la capacidad para reaccionar ágilmente a los cambios. No quiere que su personal empiece a enfocarse en un anuncio y en su impacto y en si el precio de la acción sube, en vez de adoptar una postura a largo plazo. Con todo, la empresa ha tenido una cantidad considerable de desaciertos. E
ste año, por ejemplo, Facebook fue criticada por rediseñar sus políticas de privacidad. Los defensores de la privacidad se manifestaron y Facebook implementó algunos cambios, pero los reguladores en EE.UU., Canadá y Europa aún siguen de cerca a la empresa. A principios de 2008, Zuckerberg comenzó a preparar la empresa para una salida a bolsa. Expandió su equipo gerencial y contrató a la ejecutiva de Google Sheryl Sandberg como su número dos en marzo de ese año. Buscó perspectivas nuevas al invitar al cofundador de Netscape, Marc Andreessen, y al presidente del directorio de Washington Post Co., Donald Graham, para que se sumaran a su directorio. Sin embargo, Zuckerberg conservó el control de los votos por esos puestos. L
a decisión de cuándo salir a bolsa está en manos de Zuckerberg. Es dueño de más de un cuarto de las acciones de Facebook y controla los votos de tres de los cincos asientos de la junta directiva.
Siempre es muy importante cuando una empresa sale al mercado, el valor que le fija a sus acciones.
Y es muy difícil lograr mantener o superar ese valor cuando comienza a cotizar, es que a veces la realidad no es lo que se esperaba, y demasiadas expectativas hacen sobrevalorar un título en la previa.
Así, los valores de cotización pública se emiten primero con un valor nominal, denominado paridad en el caso de acciones o títulos ordinarios. Sin embargo, una vez que los valores empiezan a ser comercializados, su precio de mercado puede ser mayor o menor que el valor nominal.
Si la compra de valores es mayor que la venta, el precio sube; y cuando se venden más, baja. En condiciones de alza en el mercado la gente compra títulos con la expectativa de que suban de valor, para luego venderlos con ganancia.
En los mercados a la baja, el precio de los valores va disminuyendo; los especuladores aún pueden ganar dinero accediendo a vender, a precio fijo, valores que ellos no han pagado hasta ese momento, pues esperan que cuando tengan que liquidar los precios habrán bajado más; entonces el desembolso será menor que la suma que reciban.
La experiencia nos indica que los valores de las compañías, no solo son afectados por la situación de cada una de ella, sus ganancias o sus pérdidas, sino también por las condiciones económicas y políticas nacionales y mundiales. Los acontecimientos nacionales que afectan el valor de los títulos son fáciles de identificar, pero su impacto es difícil de predecir: por ejemplo, un cambio de gobierno, pronósticos de recesión o repunte de la economía o cambios súbitos en el precio de las materias primas.
El precio de los valores cambia según el número de transacciones efectuadas. Pero es práctica común congelar los valores a intervalos regulares, para evaluar el desempeño del mercado y de los valores particulares entre un periodo y otro.
Semanas atrás leíamos en los periódicos, que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) imponía una multa de dos millones de euros a BBVA y de 24.000 euros a Banesto Bolsa por la comisión de infracciones graves. Según las informaciones BBVA remitió, entre los ejercicios 1996 y 2000, información de carácter financiero y contable (cuentas anuales, información pública periódica y folletos informativos) conteniendo datos "inexactos, no veraces y con omisión de aspectos relevantes en relación con un patrimonio final por importe de 378.343 millones de pesetas (260,92 millones de euros) no registrado contablemente".
Por el lado de Banesto Bolsa, la falta consistió en incumplir las obligaciones relacionadas con las recomendaciones publicadas sobre 'Solaria Energia y Medio Ambiente' con fechas de 20 y el 28 de febrero de 2008.
Pero parece que el proceso para que una sanción se publique en el Boletín Oficial, luego de quedar firme, es algo lenta. Es que se supo que la sanción por infracción muy grave fue impuesta mediante resolución del consejo de la CNMV el 18 de julio de 2008, mientras que la sanción a Banesto Bolsa, de carácter grave, fue impuesta el 18 de marzo de 2009. Estas multas que son tan altas, hace mucho que no se ven.
En abril de 2008 la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) impuso una multa histórica de 16,08 millones de euros a Aurea Negocios por haber realizado actividades reservadas a las empresas de servicios de inversión, sin haber obtenido la preceptiva autorización ni estar inscrita en los registros correspondientes. Ya en 2003, el supervisor realizó un aviso al público sobre AIM Warrants, que tuvo continuidad en los años siguientes con varias advertencias sobre otras filiales en 2005 y 2006.
Las advertencias del supervisor sobre sociedades que prestan, sin la preceptiva autorización, servicios de inversión -como tramitar operaciones de compraventa en Bolsa o gestionar carteras- son habituales en los últimos tiempos. No es habitual que se imponga sanciones a empresas que no están autorizadas a prestar servicios de inversión, puesto que éstas se escudan en otras actividades, especialmente el asesoramiento, no reguladas hasta la entrada en vigor de la directiva europea sobre mercados e instrumentos financieros (Mifid).
La última sanción que la CNMV impuso por este motivo data del 28 de junio de 2007, cuando multó con 601.012 euros a la sociedad Beckham Advisor Alliance por no haber sida autorizada a recibir y transmitir órdenes de inversores.
Escuchamos cada tanto noticias acerca de grandes estafas financieras, y pensamos cuán difícil debería ser hoy en día que esto se produzca con las posibilidades de acceso a la información que todo el mundo tiene.
El último caso conocido, es el de Madoff, pero en la Bolsa, desde sus inicios hubo gente que intentó cometer estafas.
En la década de 1720 John Aislable, ministro de Hacienda inglés, fue encarcelado por ínfamante corrupción, al parecer se había llenado los bolsillos vendiendo acciones de la South Sea Company, una empresa especulativa que arruinó a muchos inversionistas.
También con la repetición de estafas, los distintos países debieron establecer leyes para impedir los fraudes, y algunos tienen organismos especializados cuya función es procurar la observancia de la ley. Pero uno de los más graves delitos, y uno de los más difíciles de evitar, es la especulación oculta, que consiste de una empresa para obtener ganancias ilícitas de sus valores. Por ejemplo, el especulador puede comprar acciones poco antes de que la compañía anuncie un incremento de utilidades, o venderlas antes de que anuncie pérdidas.
En 1986 Iván Boesky, conocido hombre de finanzas de Nueva York, fue acusado de especular en valores haciendo uso de información secreta sobre fusiones de compañías, por la cual pagó sumas enormes. La prolija declaración de Boesky condujo al arresto de banqueros y hombres de negocios tanto en Nueva York como en Londres, y fue sentenciado a tres años de prisión.
Aunque pensemos que quien comete estafas de este tipo, queda muy expuesto como para no ser descubierto, las sumas que se manejan y que pretenden ganar son tan grandes, que muchas veces no les preocupar pasar por un enjuiciamiento, si ya se llenaron suficientemente los bolsillos.
Aplicando el sistema dinámico crítico y de transiciones de fase del que hablamos, a estudiar la gran caída histórica de 1987, podemos obtener el siguiente análisis: Durante el año anterior al lunes negro el equipo de físicos encontró que la probabilidad de existencia de grandes fluctuaciones de precio aumentó inesperadamente con un comportamiento no gausiano, como si se aproximara a un punto crítico.
En el punto crítico (el lunes negro) una abrupta transición de fase ocurrió, como si la probabilidad del modelo cambiara de ser dependiente de la escala a ser invariante, que es la característica que se observa en el comportamiento de un sistema en el punto crítico.
Este modelo se basa en la idea de que la volatilidad (o variación en el cambio de precios) puede medir cuantitativamente cuánto fluctúa el mercado de valores. Esta idea de volatilidad (no confundir con precio) es la clave del modelo opción-precio de Black y Scholes sobre las variaciones en el tiempo del precio de las acciones desarrollado en 1973, y que ha influido mucho desde entonces.
Pero obviamente no existe una sola razón para el comportamiento de la Bolsa, cuando existen tantos factores externos que la influyen. Por lo tanto, la volatilidad por sí sola no podría explicar lo ocurrido con las grandes fluctuaciones encontradas por Kiyono. Estos investigadores han estudiado los cambios de precio a una escala de sólo 10, descubriendo que hay una probabilidad de grandes fluctuaciones también a esa escala. Esta similitud en las fluctuaciones a diferentes escalas de tiempo se parece al comportamiento de terremotos y del ritmo cardiaco que también son invariantes de escala.
Los físicos creen que estas fluctuaciones a pequeñas escalas de tiempo pondrían haber causado un comportamiento gregario de los cambistas que rápidamente creció a través de las interacciones internas en el mercado de valores. La cuestión es saber si el aumento de probabilidad de grandes fluctuaciones de precio necesariamente significa que una gran caída se va a producir. No necesariamente, porque incluso el mejor análisis estadístico no puede tener en cuenta los factores externos.
Así, estos investigadores observaron la existencia de esas mismas fluctuaciones antes de 1990, pero debido a la guerra del golfo de 1991 la dinámica interna del mercado sufrió un cambio radical, la transición de fase y el punto crítico no se dieron y la gran caída no se produjo. Y es que claro, es relativamente fácil hacer retropredicciones.
Constantemente intentamos respondernos el por qué suceden ciertos acontecimientos financieros y nadie los anticipó debidamente.
Y alrededor de ello, tal como hemos visto en anteriores post, se han desarrollado múltiples teorías y métodos que intentan buscar predecir qué sucederá en el mundo bursátil. También científicamente se ha intentando estudiar el comportamiento de ciertos valores que sirvan para que otro lunes negro no llegue de sorpresa.
Un artículo publicado en Physical Review Letters, nos informa que unos físicos han descubierto que algunos eventos inusuales como las grandes caídas de bolsa, pueden ser predichos usando una aproximación analítica similar a la aplicada para estudiar el ritmo cardiaco o los terremotos.
Este resultado, podría ayudar a los economistas a analizar el riesgo de que sucesos similares vuelvan a repetirse en el futuro. Aunque el precio de las acciones fluctúa permanentemente, las variaciones a largo plazo de todo el mercado de valores son relativamente pequeñas y muy similares a las que cabría esperar si fueran aleatorias de tipo gausiana.
Nadie sabe qué es lo que causa que las caídas de bolsa importantes, aunque algunas veces hay razones objetivas externas que influyen en ellas. Un grupo de físicos japoneses liderados por Kiyono ha analizado las fluctuaciones bursátiles con técnicas derivadas del estudio de sistemas dinámicos críticos y de transiciones de fase, y han observado que cierto comportamiento “predice” la bajada. Las transiciones de fase ocurren en muchos campos de la Física y explican cómo el agua pasa de una fase líquida a otra sólida cuando se congela, o cómo un imán deja de estar imanado por encima de cierta temperatura. Suele haber un punto crítico que si el sistema traspasa se produce el cambio de fase. De este modo, en el ejemplo del imán, el punto crítico está justo a la temperatura crítica a la que el imán deja de serlo.
Veremos en un próximo post la aplicación de esta teoría.
Sabemos que los mercados están en las principales ciudades de cada país, pero para usted, ¿las Bolsas son entidades públicas dirigidas por cada gobierno? O ¿son entidades privadas independientes?
Digamos entonces, que los mercados de valores son dirigidos en primer término por sus fundadores, asimilándose a clubes privados exclusivos; y es distinto su ingreso, según las reglas de cada país.
En varios países la membresía se puede comprar, a condición de que los socios acepten al recién llegado y exista una vacante. El precio es alto: supera los 375.000 dólares en Nueva York y llega a 6.6 millones de dólares en Tokio. En naciones como Inglaterra, la admisión de un miembro no está determinada por la existencia de vacantes, sino abierta a cualquier empresa que cumpla los requisitos de ingreso.
Los miembros fijan las normas bursátiles ciñéndose a las leyes del país. En algunos casos esa función es desempeñada por organismos independientes que vigilan el comportamiento diario de la bolsa en favor del público.
Los integrantes de la Bolsa, pueden cumplir funciones como agente de cambio en valores, o sea el mediador en la compraventa de acciones, o bien, ser corredor de bolsa: la persona que tiene acceso directo a los agentes de cambio para comprar y vender en nombre de un inversionista.
En la bolsa de Londres, el agente de cambio es la figura clave; en la de Nueva York, un especialista desempeña una función similar. A cada especialista se le asignan derechos exclusivos para comerciar ciertos valores, los cuales podrá comprar o vender a los corredores que acudan a él, o comprar y vender por cuenta propia.
El especialista se enfrenta a compradores y vendedores lo mejor que puede, utilizando su cartera personal de valores para corregir cualquier desequilibrio. Los agentes de cambio obtienen sus ingresos de la diferencia entre las cotizaciones de las posturas de compra y de venta, y los corredores generalmente trabajan a comisión, la cual depende del monto de los valores que compran o venden para sus clientes.
El dinamismo del mercado hace necesario una interconexión de los mismos y la utilización de las telecomunicaciones se vuelve esencial.
No se puede esperar tres días a transmitir una noticia y decirdir en base a ello, porque la misma pudo haber cambiado ya.
Es por ello que los centros financieros internacionales están enlazados por comunicaciones electrónicas que les permiten conocer con extrema rapidez lo que sucede en cualquier parte del mundo; en este sentido, actúan como si fueran una sola entidad, cada uno respondiendo de inmediato a las informaciones de los demás.
Es así que un hecho que se produce en el mundo, repercute inmediatamente en el mercado que le corresponde y lo que se suceda allí se transmite a los demás mercados en el mismo momento.
Por ejemplo, el lunes 19 de octubre de 1987 se vio afectada por la bolsa de Nueva York que había sufrido una baja repentina el viernes anterior, a lo que siguió un fin de semana de pánico especulativo. La bolsa de Sydney abrió sus puertas la mañana de ese lunes mientras la mayor parte del mundo aún dormía; los corredores tenían un alud de posturas de venta, y millones de dólares en valores fueron retirados ese día.
Las comunicaciones por satélite pronto llevaron la noticia a la bolsa de Tokio, donde se produjeron reacciones similares. A las pocas horas la ola recorrió todo el orbe, Hong Kong, Singapur, las bolsas de Europa y de vuelta a Nueva York. Las compañías estadounidenses perdieron más de 500 mil millones de dólares en acciones antes de finalizar el día.
El empleo de computadoras en el negocio bursátil ha dado origen a un procedimiento llamado orden de venta a precio determinado, el cual según analistas, podría amenazar la estabilidad de los mercados nacionales e incluso mundiales.
Los tenedores de valores dan instrucciones a los corredores de programar sus computadoras asignándole un precio específico a cada valor. Si los valores caen por debajo de ese nivel, son vendidos sin tardanza para reducir las pérdidas. Ni siquiera en las bolsas más importantes dicho procedimiento es enteramente automático; los corredores aún tienen que llamar a los agentes de cambio para realizar transacciones mayores. Pero con la aparición de las redes de computadoras, el mundo financiero podría sufrir un derrumbe incontrolable. El efecto en cadena se ha producido en todas las caídas de la bolsa, pues la gente vende para preservar algo de su dinero.
Pero para muchos, las computadoras pueden hacer que el derrumbe ocurra más deprisa, haciéndolo más difícil de controlar si la misma cumple una orden inmediatamente ocurre un hecho preestablecido.
Continuemos con las estrategias de inversión, y conozcamos a David Dreman, famosos en el mundo de las finanzas por ser uno de los inversores contrarios en activo más famosos del mercado, autor de varios libros sobre el tema, ferviente crítico de analistas y expertos en bolsa y considerado un gurú en su país natal, EE.UU.
Su estrategia se centra en localizar acciones que, por criterios de análisis fundamental, encierren un alto valor. Básicamente la estrategia de Dreman consiste en calcular una serie de ratios para todas las acciones del mercado, de los cuales él considera como más importantes el PER (Precio de la acción entre Beneficio por Acción) y Rentabilidad por Dividendo.
Su procedimiento consiste en ordenar todas las acciones en función de esos dos criterios, dividir el conjunto en cinco subconjuntos iguales (llamados quintiles) y se queda con los valores que están en el subconjunto de menor PER (los más baratos) y también con los que aportan mayor Rentabilidad por Dividendo (mayor seguridad en la inversión).
Según Dreman los valores de bajo PER y alta Rentabilidad por Dividendo habitualmente lo son porque han recibido un excesivo castigo por los inversores (aunque las expectativas de los analistas para el futuro de estas compañías puedan ser negativas).
Haciendo estos cálculos resulta habitual encontrarse con que los valores donde debemos invertir son empresas de un mismo sector de actividad fue a raíz de ello que Drenan se planteó modificaciones en su estrategia: si se invierte en los valores que muestren el menor PER y la mayor Rentabilidad por Dividendo de cada sector, no sólose debe considerar comprar acciones que encierran un alto valor sino que a la vez permitan diversificación y reducir riesgos. Para terminar hay que señalar que ante el problema habitual de muchos inversores contrarios, Dreman propone en su estrategia vender las acciones cuando alcancen ratios similares a la media del mercado o, si el negocio no sale como se esperaba, vender al cabo de tres o cuatro años después de la compra